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¿Qué es Espiritualidad Ignaciana?
  












Extraño Gobierno de Dios


Leyendo el libro
Ignacio de Loyola, solo y a pie de José Ignacio Tellechea, llaman
mi atención unos comentarios del autor sobre la Autobiografía de San Ignacio. Tellechea
expone que en la misma, San Ignacio coloca a Dios como el verdadero protagonista de
su historia, conceptuándose a sí mismo simplemente como el "peregrino", ... objeto del extraño gobierno de Dios,... guiado por una confianza fundamental en quien lo llevaba, no sabiendo hacia dónde".

     Estos comentarios tienen resonancia en mí proceso de crecimiento en la fe. No puedo menos que sonreír al reconocer en mí vida momentos en que yo también he sido objeto del extraño gobierno de Dios.  El Padre, en su infinita misericordia, se vale de sucesos y métodos que nos llevan, a veces
sin darnos cuenta, a detenernos y mirar dentro de nosotros para atender el clamor de nuestra alma, que ansía sentir amor, consuelo y paz. Obviando los obstáculos que nosotros mismos ponemos
(la terquedad, nuestros apegos materialistas, el ensimismamiento en lo inmediato, en lo cotidiano, que no nos permite levantar la vista del suelo y VER), Dios continua manifestándonos su amor gratuito,incondicional, eterno.
Como cristianos  conocemos la Buena Noticia. Sin  embargo, San Ignacio nos enseña que no basta con "saber", hace falta "gustar". Es en la práctica consistente y consecuente de la oración
donde podemos "sintonizarnos"con esa presencia viva de la Trinidad. Dios está dentro de nosotros, nos envuelve en su amor y su poder, pero la realidad inmediata pareciera tener los dados cargados a favor de ella. Nos distrae, nos confude y finalmente nos aturde.
La invitación de San Ignacio es a despertar, a fijar la vista en lo verdaderamente importante, a cambiar nuestro foco de atención y dirigirlo hacia nuestro interior, donde nos aguarda el Padre con los brazos abiertos. Nos llama además a perseverar para poder descubrir la hermosa voluntad
de Dios en nuestras vidas. Su ejemplo es el del creyente desprendido de sí mismo, que se entrega
confiadamente, y deja a Dios actuar.
Hacernos conscientes de esa verdad, aceptar y recibir ese amor, esperar en El y confiar en él,es prerrogativa y tarea de cada uno de nosotros.


Por. Sofía Benítez Arraiza