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SANTOS Y JESUITAS ILUSTRES:

          


                             
RECORDANDO A UN GRAN PROFETA:
           Monseñor Antulio Parrilla
- A Diez Años de su Muerte

El 3 de enero de 1994 el Señor se llevó consigo  a Mons. Antulio Parrilla, un gran pastor. Escribo sobre él porque no quiero que olvidemos sus enseñanzas. Conocí personalmente
a Mons. Parrilla, fue mi consejero espiritual, lo admiré como un gran cristiano, sacerdote, obispo jesuíta. Fue un verdadero paladín de la Doctrina Social de la Iglesia de la cual me hizo enamorar. Quiero resaltar cinco aspectos que retratan bien la personalidad de este hombre extraordinario.

En primer lugar Mons. Parrilla fue un hombre de Dios. Lo demostró con su vida. Cuenta él que siendo militar en Panamá, leyendo a Santa Teresa de Avila tuvo su conversión. No hay duda
de que Dios penetró profundamente en su corazón, una verdadera experiencia de Dios que lo
motivó a actuar. Dios era el centro de su vida y por eso era de una profunda oración. No pasaba un mes sin que tuviese un día de retiro espiritual; tenía una profunda devoción al Sagrado Corazón de Jesús y a la Virgen, rezaba todos los días el rosario. Nunca faltó una capilla en los lugares donde vivió.

En segundo lugar fue un hombre para los demás. Amaba entrañablemente a las personas, especialmente a los pobres y necesitados. Si alguien buscaba su ayuda, dejaba todo lo que tenía entre manos para atenderlo. Si algo lo distinguía era su defensa incansable de la dignidad de todo ser humano, siguiendo los principios de la Doctrina Social de la Iglesia. Se olvidaba fácilmente de las injurias que le hacían, que fueron muchas.

En tercer lugar, fue un verdadero profeta. Hablaba en nombre de Dios, del Evangelio; a muchos
parecía que estaba hablando política. Tenía sí ideas independentistas, pero no pertenecía a ningún partido político. Denunció incansablemente, pero con amor los muchos pecados de nuestro país: el miedo, la corrupción, la violencia, el consumerismo, el olvido de los pobres, la
intolerancia, la politiquería. Como verdadero profeta muchas veces clamó en el desierto. No le
hicimos caso porque dizque era iluso, exagerado, exigente.

En cuarto lugar fue un hombre de iglesia. Nadie amó como él la Iglesia, la real, santa y pecadora. Tenía un gran amor al magisterio del Papa, sobretodo a sus enseñanzas sociales. Denunciaba también con amor los muchos fallos que veía en su propia Iglesia de Puerto Rico.

En quinto lugar fue un hombre abierto a los signos de los tiempos. Esta expresión usada por el Concilio Vaticano II quiere decir que Dios nos habla por lo que sucede en el mundo:
lla violencia, las guerras, el desamor, la desunión familiar. Pero también los signos positivos:
el deseo de paz, libertad , igualdad. Parrilla oyó las muchas voces que llamaban al cambio en nuestro país. Luchó  por la libertad de Puerto Rico, de los seres humanos, por el amor a la tierra. Luchó por Vieques. Si finalmente la Marina salió de Vieques, en gran parte se lo debemos a Mons. Parrilla que se expuso incluso a un arresto y ser sancionado por el tribunal
federal. Enseñó y practicó la desobediencia civil. Fue un gran promotor, casi fundador, del movimiento cooperativista que luego criticó por apartarse de su verdadera filosofía.

El cumplió a cabalidad lo que el teólogo Andrés Torres Queiruga en su libro "Desde el Terror de Isaac al Abba de Jesús"dice debe ser el actuar del cristiano: "Creer en la Iglesia, una, santa.
católica y apóstolica equivale también a proclamar la fe en la igualdad, libertad y fraternidad de todos los hombres y mujeres, porque en Cristo ya no hay diferencia de religión, de raza ,  o de género.






                             

                                                                                                                                                            












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